LAS PRINCIPALES CRÍTICAS A LA METAFÍSICA

1. La crítica empirista.

El empirismo es un movimiento muy amplio, que se desarrolla durante los siglos XVI y XVII. En tanto que es una forma de criticismo, se preocupa especialmente por el problema del conocimiento, de su verdad y de su legitimidad.

Salvando las diferencias entre los autores pertenecientes a esta corriente, genéricamente se advierte una actitud antimetafísica derivada de su peculiar forma de entender el conocimiento. Los empiristas sostienen que el origen, límite y legitimidad de nuestro conocimiento está en la experiencia sensible. Al nacer, nuestra mente es como un “papel en blanco” o una “tabla rasa”; no disponemos de ningún conocimiento previo o innato, por lo que todas las ideas han de proceder de la experiencia sensible. Pero tampoco podemos tener conocimiento de realidades que no se puedan captar mediante los sentidos, puesto que sólo hay conocimiento legítimo de aquello que puedo percibir sensiblemente. Por eso, el empirismo es antimetafísico: porque niega rotundamente cualquier intento de ir “más allá” (metá) de lo meramente sensible.

KANTEl interés de los empiristas se centra en muchas ocasiones en la investigación de los mecanismos psicológicos responsables de las ideas que encontramos en nuestra mente. Pensaban que descubriendo esos procesos tendrían la clave que les permitiría estar completamente seguros de lo que conocemos. Porque lo que perseguían los empiristas era la certeza, la seguridad de que lo conocido es auténticamente verdadero.

Sin embargo, la búsqueda de la certeza en la simple y pura experiencia sensible tendrá unos resultados inesperados, Así se confirman en el pensamiento de Hume, considerado como la culminación del empirismo. Su método consiste en buscar la impresión sensible de la que procede cada una de las ideas principales de la metafísica: yo o alma, Dios, causa, sustancia, etc. Hume no encuentra ninguna sensación que dé lugar a estas ideas, siendo posible explicar su formación por otros mecanismos psicológicos como el hábito o la costumbre. Por ejemplo, la idea de Dios procede de la asociación de otras ideas como infinitud, ser, omnipotencia,etc. Tal asociación es semejante a la que podemos realizar entre la idea de montaña y la idea de oro, y no por eso decimos que existe una montaña de oro. Como no hay ninguna experiencia sensible que legitime los conceptos clave de la metafísica, no queda más que desterrarla del campo de los saberes. El pensamiento de Hume acaba, así en el escepticismo: sólo puedo tener certeza de lo que percibo, todo lo demás es dudoso.

2. La crítica positivista.

Suele entenderse por positivismo una actitud teórica que sostiene que el único saber auténtico es el científico. Es característico del positivismo la crítica a la metafísica, pues afirma que también la filosofía ha de ser científica o está condenada a no ser nada.

Su fundador fur A. Comte que, a principios del siglo XIX, formuló una ley que pretende explicar la evolución intelectual de la humanidad en tres estadios: teológico, metafísico y positivo.

Lo característico del estadio teológico es que pretende explicar la naturaleza de los seres recurriendo a agentes sobrenaturales. El estadio positivo representa la madurez de la razón y se apoya en el conocimiento científico de las leyes que rigen los fenómenos. Así se alcanza el verdadero espíritu positivo: ver para prever, estudiar lo que es, para saber lo que será, suponiendo que las cosas sigan ocurriendo de la misma manera. La metafísica no es más que un estadio intermedio, de tránsito, en la evolución intelectual de la humanidad. Una fase destinada a ser superada para llegar a ser adultos. La pretensión última del positivismo es que las concepciones metafísicas no tiene ningún papel que desempeñar en la vida humana, pues pueden ser sustituidas ventajosamente por los conocimientos que nos suministran las ciencias.

En realidad, el positivismo pretende establecer una especie de rivalidad o competencia entre las ciencias y la filosofía que ya no se puede seguir sosteniendo. Desde que Comte formuló su ley de los tres estadios, la ciencia y la tecnología nos han proporcionado enormes progresos, Ciertamente, los conocimientos científicos son necesarios e imprescindibles, por cuanto nos ayudan a resolver los problemas con los que nos encontramos a diario. Pensemos la cantidad de cosas que no podemos hacer o que tenemos que hacer de forma diferente cuando se produce un corte de luz.

Pero los seres humanos nos planteamos también algunas preguntas para las que no hay solución: necesitamos darle un sentido a la vida, precisamos tener ideales por los que nos merezca la pena trabajar y esforzarnos. Podríamos llamar a esto el componente enigmático o misterioso de nuestra existencia. No hay solución científica imaginable, ni tampoco deseable, para esta dimensión humana; nos acompaña durante toda la vida, por lo que no cabe más que responder en cada momento de la manera más humana y consciente que sea posible. En esta tarea, en la que la ciencia no nos puede aportar su ayuda, la metafísica aún tiene un importante cometido que cumplir.

Por ello podemos concluir que no hay tal rivalidad entre ciencia y filosofía. En la actualidad, muchos científicos y muchos teóricos de la ciencia entienden que las concepciones metafísicas son imprescindibles en la tarea de la realización humana de la vida.

3. La crítica marxista.

Se suele entender que el pensamiento de Marx y Engels, el marxismo en sentido estricto, formulado en el siglo XIX, ha adoptado siempre una actitud antimetafísica. Esta actitud se debe, básicamente, a dos razones: en primer lugar, a que el marxismo cree disponer de un tipo de pensamiento más dinámico, que puede reemplazar ventajosamente a la metafísica, como es el materialismo dialéctico; en segundo lugar, porque entiende que la metafísica es un pensamiento ideológico que ha de ser criticado y eliminado. Veamos esto.

La raíz más básica del pensamiento de Marx está en su concepción dialéctica del materialismo, que se deriva, en parte, de la dialéctica idealista de Hegel. Según el materialismo dialéctico, solo la materia es real, junto con sus transformaciones, cambios y evoluciones. La mejor forma de explicar estas transformaciones es recurriendo a la dialéctica, según la cual todos los proceso naturales y sociales ocurren por contradicción y por negación de la negación. Cualquier realidad nueva surge como contradicción respecto a un primer estado (negación), que a su vez es negado (negación de la negación), produciéndose una vuelta a un estado semejante al primero, pero en una condición diferente y, en principio, más avanzada. Por ejemplo, una planta brota por negación de la semilla, pero el desarrollo de la planta lleva a su negación, porque se transforma de nuevo en multitud de semillas. Esta explicación pretende ser universal y válida tanto para la naturaleza como para la sociedad y el pensamiento.

Por otra parte, Marx critica a la filosofía debido a la función ideológica que ha venido desempeñando. La filosofía ha interpretado el mundo, ha producido cosmovisiones, concepciones de la vida y del universo. Pero lo ha hecho siempre desde los intereses de la clase social dominante, es decir, del grupo social poseedor del dinero y demás recursos económicos.

De esta forma, la filosofía en general y la metafísica en particular, junto con otras manifestaciones culturales, se han convertido en instrumentos de legitimación de un orden social y económico injusto. La metafísica sería otra expresión más de la conciencia invertida, según la cual son las ideas (razón, espíritu) las que impulsan el acontecer histórico. Por eso Marx afirma que la misión de la filosofía es la transformación del mundo, comenzando por las condiciones materiales de producción de la vida humana, especialmente las condiciones económicas, que son las que verdaderamente mueven el mundo.

Algunos aspectos del pensamiento marxista se pueden interpretar, ciertamente, en un sentido metafísico. Es decir, más que una crítica a la metafísica, el marxismo criticaría una determinada manera de hacer metafísica: la que se transforma en ideología y la que contribuye a la explotación de uno seres humanos por otros. He aquí, pues, una provocación del pensamiento marxista: la elaboración de concepciones metafísicas que colaboren en la emancipación de la humanidad.

4. La crítica nietzscheana.

Lo característico de la crítica de Nietzsche (1844-1900) a la metafísica es que adopta una perspectiva genealógica. Nietzsche ya no confía en poder reconstruir un orden racional en el que la metafísica pueda desempeñar aún algún cometido, como intentó Kant o incluso Marx. La crítica genealógica pretende “derribar los ídolos” sobre los que asienta el “instinto metafísico”. Intentará descubrir la relación entre la metafísica y las vivencias más básicas de los seres humanos, aquellos sentimientos y experiencias que impulsaron, y aún impulsan, hacia ese tipo de pensamiento que llamamos metafísica.

El núcleo de la crítica de Nietzsche es su rechazo de todo dualismo. Desde la antigüedad griega, toda la historia de la metafísica ha estado presidida por algún tipo de dualismo: esencia/ apariencia, sensible/racional, sustancia/ accidente, etc. Eso significa que, especialmente des Platón, el pensamiento metafísico ha ideado otro mundo, distinto de éste, el único que poseemos; y, además, asegura reiteradamente que ése es el mundo verdadero.

Ese otro mundo, dice Nietzsche, no es más que una invención recelosa, producto de la inseguridad y del miedo a la vida. Lo que el ser humano busca en ese otro mundo es la seguridad de lo duradero y lo fijo, de lo estable y definitivo, frente a la inseguridad y el azar del devenir incesante, del cambio y la ebullición permanente que son característica de la vida. Así, rechazando esta permanente transformación, se genera la ficción de otro mundo del “ser”, de la “verdad” y del “bien”. Inventar un “mundo verdadero” opuesto a un “mundo aparente” ha sido, sin duda, el mayor error de la metafísica y aun de la cultura occidental.

Los principales conceptos metafísicos, los pilares sobre los que instauró ese “trasmundo” metafísico, son para Nietzsche engaños gramaticales o lingüísticos cuyo trasfondo último es la razón.

Si acudimos a la genealogía del lenguaje, descubrimos que los conceptos con el resultado de la unificación, simplificación y regularización a que está sometida la realidad por parte de la razón: ¿a cuántos individuos distintos, en situaciones diferentes, podemos aplicar el concepto “hoja”? ¿Qué queda de la “cosa hoja” en su concepto? Según Nietzsche, los conceptos no son más que residuos de metáforas, o también metáforas olvidadas que han perdido su fuerza sensible: como monedas gastadas que han perdido su valor facial y ya solo cuentan por el metal del que están hechas. Por eso, el pensamiento conceptual, los mismos conceptos, son opuestos a la vida.

La genealogía del lenguaje nos ha conducido hasta un instinto humano básico, consistente en construir metáforas, que no han de terminar siempre en conceptos. Una posibilidad que inaugura Nietzsche es intentar un “rejuvenecimiento de las metáforas”, como dice Paul Ricoeur en un sentido hermenéutico, presuponiendo que la génesis de los conceptos no se puede explicar íntegramente solo por el desgaste de las metáforas

La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. la ciencia no es nada más que un valor entre otros.

Autor: Edmund Husserl

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