LAS PRINCIPALES ORIENTACIONES DE LA METAFÍSICA

1. La metafísica oriental.

Cuando se habla de “metafísica oriental” o de “filosofía oriental”, se suele pensar en aquellas concepciones del mundo procedentes, sobre todo, de China, India y Japón. Hinduismo, budismo, confucianismo y taoísmo son las “filosofías orientales” más importantes y conocida entre nosotros, aunque hay muchas variantes y derivaciones de ellas.

HEIDEGGERFilósofos como Hegel o Heidegger consideran que no se debe hablar de “filosofía” oriental, pues la filosofía es un saber nacido y desarrollado en un marco de referencia netamente occidental. El pensamiento oriental no diferencia suficientemente, según estos autores, entre razón, fe y el mundo psíquico de los sentimientos, distinción característica en la filosofía occidental.

Ciertamente, el hinduismo y el budismo no son “sistemas filosóficos”, ni tampoco son religiones en sentido estricto, pues poseen características de ambas cosas a la vez. Por eso sería preferible hablar de cosmovisiones o de visiones del mundo en las que se entremezclan elementos míticos, religiosos, éticos y filosóficos.

Esta fusión entre religión y sabiduría, consolidada durante cientos de años, resulta enormemente poderosa, además de muy atractiva para nuestros ojos occidentales. Probablemente, la causa de esta atracción se encuentra en los motivos de fondo del pensamiento oriental: la tolerancia, la no-violencia y una revalorización del poder del mundo interior (introspección y contemplación9 constituyen el alma de la vieja sabiduría oriental. Gandhi, con su defensa de la resistencia civil no violenta y del movimiento comunitario, contribuyó en gran medida a la difusión del pensamiento oriental en Occidente.

Además, aunque algunas de estas formas de pensamiento se basan en una experiencia mística o religiosa, tienen como finalidad descubrir y comunicar una verdad fundamental, capaz de dar sentido a la totalidad de la existencia.

HEGELPor otra parte, el conocimiento que nos ofrecen las grandes corrientes de pensamiento oriental es también obra de la razón, aunque no sea una razón concebida a la manera griega, al modo occidental. Se plantea, por tanto, la necesidad de revisar la noción de razón que ha triunfado en Occidente, más limitada, sin duda, que la del pensamiento oriental.

Por último, un ejemplo de la importancia del pensamiento oriental en Occidente lo encontramos en Aurobindo (1872-1950). Este autor del siglo XX propone que los seres humanos han de superar su deseo de lo particular e reintegrarse a la unidad absoluta de la vida divina mediante una serie de ejercicios, denominados “yoga integral”.Ésta es su manera de realizar una de las máximas supremas contenidas en los Upanishads, los textos sagrados del hinduismo: el Atman (principio individual, yo) forma una unidad indisoluble con el brahman (principio cósmico, esencia del universo).

2. La metafísica en la Grecia clásica.

Considerada en su totalidad, la metafísica griega se desarrolla en un marco de referencia determinado por dos coordenadas que veremos a continuación:

* La primera coordenada viene definida por la pareja e conceptos antagónicos esencia-apariencia. Los griegos entendieron por apariencia el conjunto de cualidades sensibles de una cosa: el color verde de la hoja de un árbol, el pelo rubio de María, etc. Naturalmente, estas cualidades están sujetas a posibles cambios, pues siempre podemos encontrar una hoja marrón que se ha secado, o teñirle el pelo a María y no por eso dejará de ser ella, María, la misma de siempre, aunque morena.

En cambio, reservaron el término “esencia” para aquellas cualidades invariables de las cosas, es decir, aquellas cualidades que hacen que las cosas sean lo que son. Por eso se consideran invariables, pues son constitutivas de las cosas, de tal modo que, modificar la esencia de una cosa, sería equivalente a destruirla o aniquilarla. Así, por ejemplo, aunque las cualidades accidentales del agua son muy diferentes cuando se presenta como hielo, líquido o vapor, esencialmente diferentes; pero la razón nos dice que esencialmente se trata siempre de la misma realidad.

*La segunda coordenada en la que se inscribe el pensamiento griego es la de la contraposición permanencia-cambio. En términos generales se puede decir que la metafísica griega se decantó por una concepción estática de la realidad. Eso significa que los griegos consideraron que la verdadera realidad no podía experimentar cambio alguno, sino que debía ser “resistente a los cambios”, es decir, tenía que permanecer más allá o por debajo de los cambios. En general, la quietud, la permanencia y el estatismo fueron interpretados por esos pensadores como muestra de perfección, de acabamiento, de verdad y de realidad auténtica de las cosas.

Por eso consideraron que la esencia constituye la verdadera realidad de las cosas. Y dado que al conocimiento de la esencia sólo podemos llegar a través de la razón y no de los sentidos, estimaron prudente desconfiar de estos últimos, ya que nos engañan al no mostrarnos nada más que apariencias.

Cada filósofo creyó encontrar la esencia de las cosas en una realidad diferente. Así, Tales de Mileto pensaba que todo era agua, mientras que Empédocles es conocido por defender que todas las cosas son combinaciones de cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra.

2.1. La realidad como sustancia.

Si acudimos al diccionario, encontraremos varios significados para la palabra” sustancia”. Leyendo con atención, advertimos que las diversas acepciones de este término tienen un núcleo común. Siempre se denomina “sustancia” a lo que se considera más importante o esencial de cada cosa. Así, por ejemplo, la “sustancia de una comida” está formada por sus ingredientes más nutritivos; un “negocio sustancioso” es aquel que hay sido muy ventajoso para alguna de las partes; finalmente, se dice de alguien que es una “persona de sustancia” cuando demuestra tener sensatez, buen juicio, madurez, convicciones sólidas, etc.

Estos usos cotidianos estaban ya vigentes en la época de Aristóteles, a quien se considera autor de la noción filosófica de sustancia. En efecto, Aristóteles utiliza la noción de sustancia (ousía) para expresar su concepción de la estructura radical y última de la realidad. Tener realidad significa tener recursos para estar y actuar, bastarse así mismo. La sustancia expresa precisamente “el haber”, lo que cada cosa tiene, aquello por lo cual es autosuficiente e independiente de las demás cosas; su realidad más propia e individual, es decir, su esencia. La sustancia, así entendida, representa la estructura interna más íntima de las cosas. Aquello que, al ser la realidad más propia de cada cosa, la hace ser lo que verdaderamente es.

Sin embargo, en las cosas encontramos también otras propiedades que pueden adquirirse o perderse, manteniéndose la sustancia idéntica. A estas propiedades las llamó Aristóteles accidentes de la sustancia. Cada uno de nosotros seguimos siendo sustancialmente los mismos que nacimos hace ya algunos años, pero hemos cambiado muchas de nuestras propiedades accidentales: peso, altura, conocimientos, inteligencia, destrezas, etc.

Con la teoría de la sustancia también intentaba Aristóteles explicar el cambio o el movimiento de los seres. En efecto, se pueden diferenciar dos tipos de cambio:

*El cambio accidental, en el que se modifica alguna de las propiedades accidentales, mientras que la sustancia permanece invariable: ese árbol (sustancia) pierde las hojas en otoño (accidente) y se llena de brotes en primavera (accidente).

*Pero también existe un cambio sustancial, que se produce cuando es la esencia de la cosa la que se modifica: así ocurre cuando se quema la leña o cuando brota una planta a partir de una semilla. En estos casos desaparece una sustancia (leña, semilla) y se genera otra sustancia que no había antes (ceniza, planta).

Aunque los ejemplos sean claros, existen dificultades para adoptar hoy la concepción aristotélica de la sustancia. Por ejemplo, tras los recientes descubrimientos sobre el genoma humano, ¿podríamos decir que nuestro genotipo es nuestra sustancia? ¿Somos lo que somos por nuestro genotipo o también por nuestro fenotipo? ¿Qué es entonces nuestra sustancia?

3. La metafísica medieval.

El pensamiento medieval está determinado por un elemento nuevo respecto a las coordenadas griegas: la fe cristiana, considerada como fuente de conocimiento junto a la razón y como generadora de nuevos motivos de reflexión teológica y filosófica. Es fuente de conocimiento, porque aquello que se cree por fe se considera en adelante como verdadero; pero también es fuente de reflexión, porque nadie se conforma con creer a ciegas, sino que es necesario comprender lo que se cree, al menos en cierta medida. Así, la metafísica medieval nos aporta una forma de filosofar que aspira a tomar en serio la fe religiosa.

3.1. Fe y razón.

La primera característica de esta metafísica e, por eso, la relación entre la fe y la razón, es decir, el esfuerzo por aclarar todo lo posible los presupuestos racionales de la revelación es el marco en el que se mueve la metafísica en la Edad Media. Así, por ejemplo, las demostraciones de la existencia de Dios de Anselmo de Canterbury o Tomás de Aquino pueden considerarse como expresión de la necesidad de afirmar la fuerte creencia monoteísta del cristianismo, sí como la enorme diferencia entre Dios (el ser necesario) y los seres humanos (seres limitados y contingentes).

3.2. Una forma de vida.

Pero, además, el cristianismo pretende ser algo más que un sistema de pensamiento o una escuela o movimiento filosófico. Es una religión que, como otras grandes religiones, ofrece un sentido para la vida y una promesa de salvación y felicidad más allá de la muerte. Por eso, la metafísica medieval se caracteriza también por el intento de organizar el sentido cristiano de la vida de la forma más racional y sistemática posible, con la idea de fondo de hacer comprensible y atractivo el modo de vida cristiano. Un elemento relevante en esta tarea es, por ejemplo, la concepción lineal y progresiva de la historia, según la cual la historia avanza desde la creación del mundo por Dios, que es el origen, alfa, hacia el “final de los tiempos”, que está igualmente en Dios, omega.

3.3. Una actitud consecuente.

En tercer lugar, la metafísica medieval es el resultado del esfuerzo de muchos filósofos por sacar todas las consecuencias de la concepción de la vida y del mundo que habían aceptado a través de la fe cristiana. Así, por ejemplo, elaboraron una nueva antropología, basada en la relación especial de los seres humanos con Dios, creados “a su imagen y semejanza”; y basada también en la libertad y la igualdad de todos los seres humanos en cuanto “hijos de Dios”. Todo lo cual implica que la humanidad es responsable de los actos que libremente realiza y que esta forma de vida que ofrece el cristianismo aspira a la universalidad, es decir, a ser válida para todos los seres humanos con independencia de su condición o estado.

DESCARTES4. La metafísica racionalista.

El nombre de “racionalismo” procede de la corriente filosófica fundada por René Descartes. Con ella se inició la Edad Moderna en filosofía, extendiéndose por Europa entre los siglos XVI y XVIII. Es la época del nacimiento y espectacular desarrollo de las ciencias, especialmente las matemáticas y la física, así como de la formación de las nacionalidades que prefiguran la Europa actual.

La denominación “racionalismo” indica la confianza en la capacidad de la razón para hallar respuestas y resolver los problemas de la humanidad. Los racionalistas entendieron que, al igual que la razón había producido enormes progresos en las ciencias, también podía hacerlo en la filosofía. Así pues, tomando como ejemplo los métodos y procedimientos científicos, se embarcaron en la tarea de desarrollar la filosofía como conocimiento rigurosos y preciso.

Otra característica relevante del racionalismo es que plantea la cuestión del conocimiento como problema primario y fundamental. Ya no basta con conocer verdades, además hay que alcanzar certeza. Esto significa que es preciso lograr conocimientos seguros, indudables, para que sean duraderos, para que se conviertan e el cimiento que permita construir sobre ellos, al igual que sucede en las ciencias.

Porque no tiene sentido construir un gran edificio metafísico sabiendo que no se va a mantener en pie durante mucho tiempo.

El racionalismo es ya una forma de idealismo. Los metafísicos racionalistas entendieron que el conocimiento no recae inmediatamente sobre la realidad, es decir, que no podemos conocer directamente las cosas. Tan sólo podemos conocer las ideas de las cosas. Por ejemplo, cuando pienso en una mesa, no tengo “la cosa mesa” en mi mente, sino solo su idea, es decir, una representación o una imagen mental de la mesa. Por eso, al idealismo en general se le plantea el problema de averiguar si las ideas que encontramos en nuestra mente se corresponden con la realidad, esto es, si son representaciones fieles de las cosas. Pues bien puede suceder que algunas de nuestras ideas, si no todas, sean solo imaginaciones y fantasías que no se parecen en nada al mundo real, aunque a nosotros no nos dé esa impresión.

Un presupuesto común a estas características del racionalismo es la afirmación de que el mundo tiene una estructura racional, esto es, la creencia en que el universo está ordenado según criterios de la razón, que tienen carácter físico-matemático. Por eso los racionalistas entendieron que el universo era comparable a una inmensa máquina, extremadamente compleja, pero dotada de gran precisión. Como un gran reloj, cuyo mecanismo es posible comprender si usamos nuestras capacidades racionales adecuadamente.

El desafío de la metafísica racionalista consiste, precisamente, en la creencia en el poder absoluto de la razón para dirigir la vida de los seres humanos. ¿Es correcta esa comprensión de la razón? ¿Tiene la razón tal poder?

4. La metafísica kantiana.

Kant (1724-1804) plantea, por primera vez en la historia, que la metafísica, entendida como conocimiento teórico-científico, es una tarea necesaria, pero imposible para la razón humana. En efecto, las matemáticas y la física ya se han acreditado suficientemente como ciencias y lo que ahora importa averiguar es si la metafísica puede “entrar en el camino seguro de la ciencia” o no.

Para ello Kant se plantea la necesidad de realizar una “revolución copernicana” en el conocimiento. Del mismo modo que Copérnico invirtió los papeles del Sol y la Tierra para explicar los movimientos de los astros en el cielo, Kant va a invertir las funciones que le corresponden al sujeto y al objeto del conocimiento, para explicar cómo se produce el conocimiento en las ciencias y decidir si la metafísica puede tener esa característica.

Kant propone que no es nuestro conocimiento el que tiene que conformarse a los objetos, sino que son éstos los que han de regirse por las estructuras cognoscitivas del sujeto que conoce.

Es decir, el conocimiento ha de entenderse como una síntesis entre algo que proviene de la experiencia y algo que aporta el sujeto: formas y conceptos a priori.

Según esta forma de comprender y explicar el conocimiento, este solo se produce verdaderamente cuando se ponen en funcionamiento las capacidades y estructuras que poseemos los seres humanos, pero aplicándolas a los datos que nos proporciona la experiencia.

Una de las consecuencias de esta transformación será que no es posible una ciencia metafísica; es decir, no puede haber conocimiento teórico.-científico del alma, ni del mundo, ni de Dios, que eran los tres objetos de estudio tradicionales en metafísica.

KANTKant entiende que solo puede haber conocimiento científico de los fenómenos, y los objetos de la metafísica no son fenómenos, pues ninguno de ellos nos produce impresiones sensibles. Esto es, con los objetos de la metafísica no es posible la síntesis en la que consiste en conocimiento científico.

Ahora bien, de aquí no se deduce que la metafísica no tenga ninguna función que desempeñar. La culminación de esta gran transformación consiste en que Kant encontró un lugar para la metafísica, el lugar que le corresponde, su lugar apropiado. Tal lugar no se encuentra entre las ciencias teóricas, sino más bien en el ámbito de lo práctico, en el terreno de la ética. Alma, mundo y Dios se convierten e postulados del uso práctico de la razón.

El cometido de la metafísica consiste en ser el fundamento que da sentido a nuestra acción moral, Todo esto quiere decir que, si no suponemos o postulamos que hay un alma inmortal, que existe la libertad en el mundo, así como la existencia de Dios como modelo de perfección, pierde buena parte de su fundamento y sentido nuestro esfuerzo por ser cada mía moralmente mejores, esto es, más justos, más sinceros, más honestos, etc.

6. La metafísica del Idealismo Absoluto.

Se suele denominar “idealismo absoluto” a la concepción filosófica desarrollada por Hegel (1770- 1831), según la cual la totalidad de la realidad debe ser entendida como razón. Pero Hegel no considera la razón como facultad estática que capta conceptos, sino como idea o como espíritu. Es decir, Hegel concibe que la totalidad de lo real, lo absoluto, es de naturaleza espiritual y racional.

Por eso puede sostener cierta equivalencia entre realidad y racionalidad al afirmar que “todo lo real es racional y todo lo racional es real”. En cierto modo, la visión hegeliana del mundo supone llevar a sus últimas consecuencias algunos postulados de la metafísica racionalista.

Pero la razón de la que habla Hegel se desarrolla y se expone a lo largo del tiempo, es decir, es una razón histórica. La razón se encuentra permanentemente en proceso de movimiento, evolución y desarrollo. Lo cual es tanto como afirmar que la realidad es dinámica, que está permanentemente en proceso, “superando” oposiciones y contradicciones. Esta forma de entender la realidad o la razón se conoce con el calificativo de dialéctica. La razón o el espíritu es lo que mueve al mundo.

Hegel quiere defender el carácter progresivo de la realidad. Cada momento histórico, es decir, cada manifestación de la razón, contiene todos los momentos del pasado, pero a su vez tendrá que ser “superado” por la propia dinámica de la razón absoluta. Desde aquí nos surge una pregunta: ¿verdaderamente vivimos en un mundo cada vez más racional?

XABIER_ZUBIRI7. La Noología y Zubiri.

Ésta es la propuesta de Xavier Zubiri (1898-1983), con la que quiere superar las metafísicas realistas e idealistas, en la línea de Ortega, Husserl y Heidegger. Para ello, intenta alcanzar un punto de vista más radical: el estudio de la inteligencia, pero no desde la perspectiva psicológica, sino como facultad formal y estructural, como aquello que determina la forma humana de captar la realidad. Este enfoque se llama noología (del griego nous, inteligencia).

La raíz de la noología está en el descubrimiento de que las personas no tenemos “sensaciones puras”, sino que éstas siempre tienen una dimensión “intelectiva”. Además de la sensación de “rojo” y por el mismo acto de percibirla, también “inteligimos” eso que percibimos como “rojo”. Así, la inteligencia humana no solo nos capacita para conceptuar y juzgar, sino que nos permite una operación más fundamental: “sentir inteligiendo” o “inteligir sintiendo”. Tenemos una inteligencia sentiente. Como sentiente, nos aporta una impresión; y en cuanto inteligencia o intelección, nos aporta la aprehensión primordial de la realidad.

La noología nos permite entender el término “realidad” en un sentido nuevo: como una forma de presentarse lo “ inteligido sentientemente”. Esto es, lo que se me presenta como real, se me presenta como siendo en sí mismo, como algo “de suyo”, según la expresión de Zubiri.

El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, mas luego se clarifica.

Proverbio chino

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