¿QUÉ ES LA REALIDAD?

  La historia del pensamiento nos ha legado dos modos de definir lo real: uno negativo y otro positivo.

Según la definición negativa, realidad es lo contrapuesto a apariencia o también a posibilidad: lo real es lo no aparente y lo no simplemente posible. Sin embargo, este modo de proceder no es muy fecundo, porque no nos dice qué es la realidad; y además porque lo posible es un modo de ser real. Así como un círculo cuadrado es totalmente imposible, que un día se descubra la causa del cáncer es una posibilidad y, por tanto, tiene algo de realidad.

Intentar llegar a una definición positiva de realidad presenta el inconveniente de que nos leva a términos que, a su vez, precisan aclaración. Esto se advierte ya en el origen de la filosofía, cuando se comienzan a utilizar las nociones de naturaleza, ser devenir, idea o sustancia para referirse a la realidad.

1. La naturaleza.

Los primeros filósofos griegos identifican la verdadera realidad con la naturaleza

(physis), entendida como el fondo común de donde nace todo cuanto hay y que permanece cuando todo cambia. La naturaleza es la fuente inagotable de donde surgen todas las cosas particulares, abarca todas las cosas y está presente en todas ellas.

Estos primeros filósofos fueron llamados “fisiólogos” por Aristóteles precisamente porque descubrieron en la physis el origen de las cosas del universo y el proceso por el que éstas se originan, se transforman y corrompen dando lugar a otras nuevas.

Por ejemplo, Tales de Mileto (siglo VII y VI a. C.) afirmó que el principio de todo lo real es el agua, y Anaxímenes (siglo VI a. C.) pensó que es el aire del que derivan todos los seres.

2. El ser.

Parménides de Elea (siglo VI y V a. C.) entiende que lo permanente en el universo, la verdadera realidad, es el ser. “Proceder de la naturaleza”, que es lo que les ocurre a todas las cosas, significa “tener ser”. Considera que la esencia de las cosas es equivalente a “lo que las cosas son”. Para llegar al descubrimiento del ser es preciso tomar una vía peculiar de investigación, la “vía de la verdad”, e ir más allá de la “vía de la opinión”.

En un hermoso poema relata Parménides cómo una diosa le revela la verdad: las cosas, independientemente de que sean de una u otra manera, coinciden en ser. Hasta el punto de que los seres humanos somos incapaces de pensar el no-ser, porque cualquier cosa que pensemos tendrá algo de ser.

Afirma que existen dos modos de pensar la realidad o dos dimensiones de la realidad. En la primera perspectiva, la realidad se revela como ser y como contrapuesta a la no realidad: “(lo ente) es y no es no ser”. Y en la segunda cada cosas se revela como ser de cierta clase y como diferente de las demás: “(lo ente) es X y no es Y”.

Son dos dimensiones de la realidad: la unitaria, que nos presenta las cosas como ser y la que nos las presenta en su diversidad como tal ser. La verdadera realidad se conoce cuando se alcanza esa dimensión unitaria, que es estable, indivisible e indestructible. Ese conocimiento se logra mediante la reflexión racional, no espontáneamente, y desarrolla la doctrina sobre el ser, que es lo que se denomina” ontología”.

3. El devenir.

Heráclito de Éfeso (siglos VI y V. a. C.) entiende que “ser” equivale a “haber llegado a ser”, es decir, a devenir. Por ello propone una noción de realidad en constante cambio, dado que en el universo parece no haber nada fijo y permanente. No podemos entrar dos veces en el mismo río porque, cuando lo intentamos, el agua ya ha cambiado. Sólo una cosa permanece: la ley que rige esos cambios y que hace que el universo, a pesar del flujo constante, sea armónico. De este modo, Heráclito introduce racionalidad en la explicación de lo real: el devenir no es irracional ni caótico, ya que se realiza siguiendo determinadas leyes.

4. Idea.

Platón (siglos V y IV a. C.), mediante el mito de la caverna, explica narrativamente que hay distintos grados de conocimiento de la realidad y que las realidades con mayor peso ontológico son las ideas (eidos), las cuales solo se alcanzan a través de un largo proceso intelectual.

El auténtico conocimiento lo proporciona la razón y no los sentidos, y se obtiene cuando se captan las ideas, “lo que las cosas son”, no cuando se capta la mera apariencia de las cosas, lo que “las cosas parecen ser”. Para Platón, el conocimiento que tenemos de la mesa a través de los sentidos no muestra lo que la mesa es. La mesa es “la idea de mesa”, que sólo conocemos mediante la razón. La idea de mesa no cambia; por el contrario, el objeto sensible de mesa sí sufre cambios. Esto le lleva a considerar que la idea es el ser de las cosas, la esencia, la estructura que todas las mesas sensibles comparten. Pero lo dicho no significa que los objetos sensibles sean irreales sino que, antológicamente, tienen menos realidad que las ideas.

5. La sustancia.

Aristóteles (s. IV a. C.) utiliza la noción de ousía, que se ha traducido por sustancia para referirse al sentido radical de realidad. Tener realidad significa existir, ser capaz de bastarse a sí mismo, tener recursos para estar y actuar. En este sentido, ousía indica “el haber”, es decir, los recursos de cada cosa, por los cuales ésta se basa a sí misma, es independiente y tiene, por tanto, realidad propia. Pero ousía también es “la cualidad de lo que está siendo”, es decir, “lo que una cosa es”, su esencia. Por ejemplo, lo que hace que un hombre sea un hombre no es que sea blanco, bajito, simpático y viva en Tenerife. El que sea blanco, bajito, simpático y viva en Tenerife son accidentes, que se predican de la sustancia hombre, la cual consiste en la encia propia que le permite ser y existir por sí mismo como un hombre y no como un pez o un árbol o cualquier otra sustancia.

6. Estructura, sistema y campo.

El pensamiento científico moderno y contemporáneo ha contribuido a introducir nuevos conceptos para entender la realidad. Entre estos destacan el de estructura, sistema o campo. La estructura es más que la suma de las partes. El sistema de acciones es más que el agregado de las mismas. Y el campo explica un fenómeno no por la mera acción de las partículas, sino por la estructura interactiva de las fuerzas que lo componen.

Todo esto conduce a entender la realidad como un entramado de interacciones de los distintos ámbitos que la constituyen, pero sin ser la mera suma de ellos, sino el conjunto estructural formado por los mismos.

Todos estos conceptos, aunque hayan evolucionado, permanecen hoy en día como puntos de referencia para seguir pensando la complejidad de lo real.

Un poco de filosofía inclina la mente del hombre al ateísmo; pero profundizar en la filosofía la conduce a la religión

Autor: Francis Bacon

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