HAY VALORES COMPARTIDOS POR TODAS LAS CULTURAS

Discutir y justificar las normas éticas, buscar razones y argumentos, ésas pueden ser las aportaciones de la filosofía moral en un momento en que la preocupación ética nunca ha sido tan fuerte.

Monique_Canto-SperberMonique Canto- Sperber es la actual directora de la Escuela normal superior de París, también es directora de investigación en el Centro Nacional Superior de Investigación de Francia (CNSR) y vicepresidenta del Comité Consultivo Nacional de Ética de Francia(CCNE). Es autora de numerosos títulos sobre filosofía antigua, filosofía moral y política contemporánea.

Monique Canto-Sperber ha contribuido de forma muy activa al renacimiento de la filosofía moral, una disciplina que ha conocido un largo eclipse en Francia. Es la fundadora y directora de las colecciones “Filosofía moral” y “Cuestiones de ética”, en Puf (Presses universitaires de France). También ha publicado a filósofos extranjeros, desconocidos en Francia, como Bernard Williams, Ernst Tugendhat o Charles Larmore.

Ha promovido también la reflexión moral aplicad a cuestiones tan concretas como la eutanasia, el nacimiento o la pornografía. Y además ha dirigido el completísimo Diccionario de ética y de filosofía moral (Fondo de Cultura Económica, 2001), reeditado en numerosas ocasiones y que se ha convertido en un texto de referencia en este ámbito. Por su interés en que la mayor cantidad de público posible conozca las grandes cuestiones éticas ha publicado también, junto a Ruwen Ogien, La filosofía moral y la vida cotidiana (Paidós, 2005).

Sus propias investigaciones le han llevado a trabajar, sobre todo, en la moral en las relaciones internacionales y en la conducta de la guerra. Pero se ha interesado igualmente por la fecundación asistida, con René Frydman, y por las relaciones entre hombres y mujeres.

La ética está de moda. ¿Por qué cree que hay tal entusiasmo por la ética hoy? ¿Hay que deplorarlo?

Efectivamente, el interés actual por la ética es grande. Y es natural. Nuestros contemporáneos están cada vez más preocupados por justificar sus prácticas y las reglas que se dan a sí mismos. Por otro lado, las amenazas medioambientales, la preocupación por elaborar poco a poco una justicia internacional, llevan a plantear la cuestión de las normas morales que pueden permitir que se regulen los diferentes ámbitos de las actividades humanas. Pero la ética sirve también, a veces, como señal de credibilidad. Proliferan los comités de ética, se desarrolla una ética de los negocios y hasta una ética del espacio. Está claro que la ética está hoy más “de moda” que en los años 1980, pero el entusiasmo actual no significa necesariamente una verdadera profundización en la reflexión moral.

Entonces su apreciación, en lo que respecta a la filosofía moral, quedaría bastante matizada…

La filosofía moral, en realidad, no se ha beneficiado del entusiasmo por la ética. Es cierto que se ha creado una nueva sensibilidad, un nuevo interés, pero aún queda mucho por hacer. En 1992, publiqué en la revista El Debate (nº 72, nov-dic 1992) un artículo dedicado a la situación de la filosofía moral en Francia, en el que constataba que casi había desaparecido, la carencia de publicaciones en este ámbito y la inexistencia de centros de investigación y de discusiones acerca de la filosofía moral.

Hay que admitir que la situación hoy ha cambiado, por lo menos, en apariencia; hay libros, artículos que dan acceso a la filosofía moral contemporánea. Pero ésta sigue todavía poco presente en la universidad y todavía se ignora ampliamente el vínculo entre la filosofía moral y la reflexión ética concreta. Proliferan los comités de ética, pero pocos de ellos se esfuerzan en volverse hacia la filosofía moral para extraer enseñanzas, incluso un método para encaminar sus deliberaciones. Estos comités se contentan a menudo con una reflexión que podría calificarse de humanista, y que evoca valores, lo cual ya es excelente, pero queda bastante desligada de los grandes ejes de la reflexión moral contemporánea, e incluso del conocimiento de las problemáticas y de las referencias tradicionales de la filosofía moral.

En los países de habla inglesa en particular, y en menor medida en Italia y en Alemania, la reflexión moral ha sido objeto de un trabajo ininterrumpido. En esos países no se ha producido la desafección que la filosofía moral ha conocido durante varios decenios en Francia. Así que queda todavía mucho por hacer.

¿Qué puede aportar la filosofía moral? ¿Se propone algo más que un trabajo de clarificación de los problemas y de los principios?

Lo característico del interés actual por las cuestiones morales es que está marcado por una exigencia de explicación, tanto de la formulación como de la justificación, de las reglas y los principios que se dan los seres humanos para actuar. Y lo más notable es que tal exigencia no está reservada a una élite, o a unos pocos iniciados, sino que se ha extendido al conjunto de la sociedad.

Es una exigencia fuerte y no alude únicamente al hecho de hacer públicas las razones por las que se toma tal o cual decisión, o se autoriza o no esta u otra técnica de reproducción, como la clonación, por ejemplo. Corresponde a la necesidad de volver accesibles, justificables e incluso contestables, los principios en los que se basan esas decisiones. Y es ahí donde la filosofía moral puede jugar un papel más fecundo. Puede conseguir que las recomendaciones a las que condice la reflexión ética no sean una mera serie de preceptos o reglas que hay que seguir, lo cual sería, en sentido estricto, una forma poco aceptable de moralización. Que puedan ser revestidas de sus razones, de sus condiciones, incluso de sus contextos, y se conviertan así en objeto de una verdadera discusión.

La filosofía moral permite delimitar la deliberación moral porque presenta un conjunto de textos de referencia, de principios, de modos de argumentación. Las normas éticas constituyen una deontología y enuncian reglas. Pero la principal aportación de la moral consiste en la presencia de razones y justificaciones en las que se apoyan estas reglas.

La tradición filosófica ocupa un espacio importante en la reflexión moral. Pero, ¿no se ha visto un poco desbordada por los problemas que se plantean hoy, vinculados a la mundialización, a los riesgos ecológicos o a los avances tecnológicos?

Esta larga tradición filosófica de la que se nutre todavía hoy la filosofía moral se revela muy útil, también cuando se abordan los nuevos problemas morales. Las ciencias biomédicas han dado a los seres humanos nuevas capacidades de actuar. Hoy es posible que una pareja, condenada antes a la esterilidad, tenga hijos. ¿Pero en qué condiciones? ¿Con qué garantías? ¿Con qué protección para el niño? El niño que va a nacer, ¿puede responder totalmente al deseo de los padres? ¿La intervención de la medicina debe limitarse a imitar a la naturaleza realizando in vitro una fecundación análoga a la que se produce en una relación sexual? ¿O bien la medicina puede llegar a crear un embrión sin fecundación, obtenido por transferencia nuclear, lo que se llama hoy clonación?

Frente a tales cuestiones, la historia de la filosofía moral puede ser aún muy útil, a pesar de las apariencias. Pues, aunque la clonación sea una nueva técnica, los problemas filosóficos que plantean son, en cambio, muy antiguos. Se inscriben en una larga tradición de reflexión sobre la autonomía del individuo (en este caso, del niño que va a nacer), sobre la libertad y los límites de la injerencia de los hombres en la vida o en la identidad de los demás. Dicho de otro modo, ¿los padres pueden “programar” a su hijo y elegir su identidad genética?

En la medida en que nuestras sociedades liberales y democráticas descansan en un principio de no-injerencia en la identidad del otro, ese principio debería excluir que los progenitores puedan decidir la identidad genética del niño que va a nacer. De ahí la condena generalizada de la clonación.

Otro ejemplo contemporáneo: las cuestiones de medio ambiente. También ahí la tradición filosófica es extremadamente fructífera para plantear el tipo particular de responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros en la degradación del planeta. Es evidente que una persona que coge su coche para ir al mercado no puede ser considerada directamente responsable de la polución mundial. Pero, por otro lado, si nadie utilizara energías contaminantes, no habría polución mundial. Hay, por tanto, una paradoja que pone de relieve una cuestión filosófica muy antigua. ¿Cómo definimos la responsabilidad personal en fenómenos que sólo existen por agregación? Nadie es responsable individualmente de lo que pasa, pero todos somos responsables colectivamente.

En uno de sus libros, El bien, la guerra y el terror, aborda la cuestión de la moral en las relaciones internacionales. Pero, ¿se trata verdaderamente de moral?

Todavía hay muchos que consideran que las reglas morales pueden valer en el interior de una comunidad nacional, pero no a escala internacional, donde sólo reinan las relaciones de fuerza. Cuando se profundiza en la cuestión, se ve que tal oposición entre la moral a escala nacional y la anomia a escala mundial es, en gran medida, ficticia. Los diferentes países del mundo son cada vez más conscientes de la necesidad de poner en funcionamiento reglas compartidas y de hacer valer preocupaciones morales comunes para cuya puesta en marcha deben refrenar sus intereses. Si cada cual se limita a maximizar sus intereses, el mundo corre hacia la catástrofe colectiva.

En materia medioambiental, sanitaria e incluso comercial, se vislumbra la conciencia de que es necesaria una concertación mundial sin la cual el equilibrio mundial no podrá subsistir. En este momento es cuando interviene la ética. Porque hay que tener muy claro sobre qué reglas generales se edifica esta gobernanza mundial.

La cuestión no es sencilla. Sabemos que los mismos países que se comprometen en diversos tratados internacionales se muestran, en cambio, muy reticentes cuando se trata de aplicar los efectos sobre ellos mismos. Pero, en cualquier caso, la conciencia de la necesidad de la moral en las relaciones internacionales es cada vez mayor.

¿Pero es posible extraer normas universales, aplicables a todas las culturas?

No, no creo que hay normas universales abstractas que puedan aplicarse a todas las culturas, sino más bien normas universales concretas, basadas en valores comunes y compartidas, que son las mismas para todos. De eso sí estoy convencida. Por mi parte, intento construir el modelo filosófico de una universalidad contextualizada. La idea puede parecer paradójica pero me parece que constituye la única forma de universalidad admisible. Desde luego, estoy en contra del relativismo, dicho de otro modo, del hecho de aceptar que cada cultura defina por sí misma sus reglas y sus prohibiciones. Pero tampoco se puede considerar que exista una sola concepción moral válida para toda la Tierra.

Por tanto, hay que encontrar una solución intermedia. En 2003, Shirin Ebadi recibió el premio Nobel de la Paz por su defensa de los derechos humanos en Irán. Es musulmana, vive en un país musulmán y no por eso lucha menos por la defensa de los derechos fundamentales de la persona. Hay una ser de valores básicos que, en cierto modo, son compartidos por todas las culturas aunque se expresen de maneras diferentes. Así que defiendo la idea de ese “núcleo duro” de valores universales que se manifiestan de forma diversa según las culturas.

¿Cómo se vinculan la filosofía moral y la filosofía política?

Para mí, la filosofía moral y la filosofía política están muy relacionadas. La filosofía moral se interesa por los principios de las acciones, individuales y colectivas, y por las razones que las justifican. La filosofía política se interesa por el modo de existencia de las comunidades humanas y por los problemas de libertad y de justicia a nivel colectivo. Pero las exigencias morales sirven para la actividad política. Y, a la inversa, la moral conlleva a menudo una dimensión común, en particular cuando se compromete la responsabilidad de todos, por ejemplo para las cuestiones medioambientales.

¿Qué papel puede jugar la reflexión moral en la vida pública?

La filosofía moral tiene mucho que aportar en materia de explicación, de justificación o de búsqueda de mejores argumentos. Ya no vivimos en un mundo en que las personas acepten hacer las cosas sin saber las razones. La filosofía moral tiene también una virtud más concreta que es la de trazar constantemente los límites de lo inaceptable, lo injustificable, lo intolerable, a fin de proteger los derechos humanos que, desde mi punto de vista, constituyen el núcleo fundamental de los valores y las normas de la moral.

(Entrevista realizada por Catherine Halpern).

 

 

La Filosofía se ocupa de dos clases de temas: las cuestiones resolubles que son triviales, y las que no tienen solución.

Autor: Stefan Kanfer

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