NICOLÁS MAQUIAVELO

 Situamos la figura de Maquiavelo (1469-1527), en la concepción general del poder que se deriva de la observación de la práctica política, es decir, la observación hecha a partir de la descripción de los mecanismos reales del ejercicio efectivo del poder. Por esta razón, Maquiavelo es considerado como el iniciador de la moderna ciencia política que rechaza las teorías políticas del feudalismo medieval o la vinculación que Platón y Aristóteles habían establecido entre ética y política.

 Maquiavelo es el primer autor que analiza la práctica política sólo en relación al poder y su mantenimiento. Hay que atenerse a la verdad efectiva, una realidad independiente de todo planteamiento moral, religioso, metafísico, teológico o extrapolítico.  Los principios generales de la vida política tienen que extraerse de la generalización inductiva de aquello que hacen realmente los gobernantes (Maquiavelo se fija especialmente en la conducta de los monarcas absolutos). El Príncipe, su famoso libro sobre el arte de gobernar y el ejercicio del poder sin referentes éticos, es el mejor exponente de esta nueva perspectiva.

 Cabe destacar que la descripción maquiavélica de la política presupone una concepción desmitificada de la naturaleza humana que explica, por ejemplo, los conflictos y las guerras a partir de la invariable ambición egoísta que impulsa a todo ser humano, o el éxito como la guía de actuación de los gobernantes. El príncipe o gobernante ejerce un poder absoluto y tiene que equilibrar los intereses contrapuestos de los ciudadanos para mantenerse en el poder. El ser humano no tiene una moral natural que pare su insaciable capacidad de desear y que le haga ajustarse a unos principios éticos.

 La existencia del Estado se justifica en el bien común; la pura necesidad de protección de la vida y la propiedad hace que los humanos se sometan a un orden. La razón de estado justifica la acción del Estado y es independiente de cualquier escrúpulo moral.

 Por todo esto, el pensamiento de Maquiavelo ha sido apasionadamente rechazado o defendido, Shakespeare, por ejemplo, habla del •”sanguinario Maquiavelo” y, en el mismo sentido, el rey Federico II de Prusia escribe Antimaquiavelo; pero otros autores, como Francis Bacon, le han reconocido la descripción de aquello “que los hombres hacen y no aquello que tendrían que hacer” o, como afirma Rousseau, el hecho de “haber dado grandes lecciones a los hombres”. Querido u odiado, Maquiavelo es visto como el artífice de un revolucionario modo de tratar la política, manteniendo siempre actuales sus tesis.

 El pensamiento de Maquiavelo forma parte del capital de la ciencia política moderna. Su surgimiento se explica por la inmediatez de los conflictos vividos que involucran su Florencia natal y los distintos Estados italianos. En un contexto más amplio, estos conflictos remiten al nacimiento y a la plena consolidación de las monarquías absolutas y al paso del feudalismo al mercantilismo general en Europa entre los siglos XV y XVIII. Si bien el autor considera que la forma más perfecta del gobierno es la república, afirma que la concentración del poder en una sola persona permite resolver mejor las situaciones comprometidas, como por ejemplo el nacimiento de un Estado, a realización de una reforma política profunda o incluso la gestión de una crisis o de la corrupción generalizada.
 La perspectiva realista y desencantada de Maquiavelo contrasta con la literatura utópica de contemporáneos suyos como el inglés Thomas More (1478-1535) autor de la obra Utopía, el título de la cual da nombre a este género literario-filosófico; de figuras un poco anteriores como Christine de Pisan (1363-14319) autora de la Ciudad de las damas, o todavía ligeramente posteriores como el inglés Francis Bacon( 1561- 1626) autor de la Nueva Atlántida y el italiano Tommaso Campanella (1568-1639) autor de La ciudad del Sol. Todas estas obras presuponen la constatación de que la sociedad efectivamente existente es causa de infelicidad y padecimiento y, en consecuencia, describen sociedades imaginarias- utópicas- con propuestas de organización de la convivencia humana en las cuales el bienestar y la felicidad son generales.

 La línea de reflexión iniciada por Maquiavelo obliga a platear el dilema entre una práctica política con bastantes opciones de fracaso pero respetuosa o, cuando menos, compatible, con la moral, o bien otra política más eficaz marcada por la razón de estado, es decir, la política que antepone los intereses del Estado a cualquier  otra consideración (incluso moral). Esta segunda opción abre paso a un doble patrón de moralidad: uno para los gobernantes (centrados en la lógica del poder que impone la razón del Estado) y otra para el ciudadano individual (que tiene que someterse a la lógica de la moral y a los preceptos del legislador).

 Por una parte, desde cualquier ética resulta más que problemática la defensa de un doble patrón de moralidad, por una parte, la manera de actuar de bastantes gobernantes se sigue determinando hoy por intereses, por razones de Estado(el estado es el fin que justifica los medios). Esto confiere perenne actualidad a las formas de ejercicio de poder que Maquiavelo pone al descubierto. De aquí que Rousseau comentara que “fingiendo dar lecciones a los reyes, las da muy grandes a los pueblos. El Príncipe de Maquiavelo es el libro de los republicanos, Maquiavelo fue un hombre honesto y un buen ciudadano”.

Todas las filosofías cínicas han hecho su entrada en la sociedad arropándose con los guiñapos de la franqueza.

Autor: José Ortega Y Gasset

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