PEDRO LAÍN ENTRALGO

 Pedro Laín Entralgo (1908-2001), es uno de los grandes pensadores españoles del siglo XX. Médico y humanista, fue catedrático de historia de la medicina, rector de la Universidad Complutense de Madrid (1950-1954) y director de la Real Academia Española (1982-1987). Su estudio sobre la historia de la medicina y la antropología médica le ha llevado a proponer una concepción “estructurista” en la relación entre la mente y el cerebro, según la cual la conciencia sería una actividad propia del grado de complejidad alcanzado por la estructura física que es el cerebro. Su teoría del cuerpo es, en el fondo, un intento por explicar el misterio del hombre.

 Laín es uno de los autores que han abordado con más profundidad este problema, desde una perspectiva antropológica. Sus aportaciones son fundamentales para comprender la cuestión filosófica del problema mente-cerebro en la actualidad.

 Propone una teoría emergentista en la que considera que la materia es capaz “de dar de sí”, de manera que lo que ella produce es cualitativamente y específicamente diferente de todo lo anterior. Así, el cerebro humano produce la inteligencia humana, que es distinta e irreductible a su origen físico.

 Laín denomina a su propia postura “estructurismo”, pues parte de la concepción del cerebro como estructura parcial de la estructura total del cuerpo humano y, por tanto, como parte de la actividad del organismo humano en su totalidad. No se trata de que el cerebro, por más que sea un órgano importante, actúe como “rector” del resto del cuerpo, sino de que la vida del cuerpo requiere la existencia de un órgano que se haga consciente del mundo y pueda decidir las acciones personales a lleva a cabo. Existe pues una vinculación entre la actividad del cerebro y la de otros órganos, que están en mutua interacción: un cuerpo sin cerebro no es un ser humano, y tampoco lo es un cerebro sin cuerpo.

 Las propiedades del cerebro no son una mera suma y combinación de las partes que lo componen. La estructura del cerebro va constituyéndose paulatinamente en el desarrollo del embrión, y así va enriqueciéndose y diversificándose el conjunto de propiedades. Además, todas estas características y funciones que el cerebro ejecuta constituyen un resultado diferente de lo que cada una de ellas son por separado (es decir, el todo es más que la suma de las partes) y tienen una cierta unidad estructural. Laín explica esto con el ejemplo de una bandada de grullas: la variación en la dirección del vuelo de un grupo de grullas que avanzan en forma triangular responde a una alteración atmosférica percibida por las grullas situadas en la cabecera de la formación, esa información se transmite por medio de ciertas señales al resto de la bandada y el resultado es un cambio de todo el grupo en la dirección más conveniente. Esa posibilidad biológica es propia de la especie y, a pesar de estar inscrita en cada individuo (código genético) y ser modulada de forma individual, dar lugar a una conducta colectiva. Algo parecido podría decirse del cerebro: un área  cerebral se activa y produce millones de conexiones sinápticas que hacen que el cerebro funcione de modo unitario, como un todo. Esta complejidad estructural y dinámica es la que permite el pensamiento y la inteligencia humanos, y también la que posibilita percibir la identidad de la existencia propia a lo largo del tiempo, es decir, la autoconciencia.

 Por eso puede afirmar Laín que el ser humano lo es con toda su realidad corporal pero es lo que es y vive como vive por obra de su cerebro.

La historia hace a los hombres sabios; la poesía, ingeniosos; las matemáticas, sutiles; la filosofia natural, profundos; la moral, graves; la lógica y la retórica, hábiles para la lucha

Autor: Francis Bacon

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