MARTIN BUBER.

 Casi todos los filósofos que en el siglo XX han hablado del diálogo (Ricoeur, Mounier) reconocen la deuda que tienen con Martin Buber. Especialmente preocupado por la dimensión social del ser humano, Buber no se resigna a que el diálogo tenga un papel instrumental para la convivencia (como técnica de negociación y regateo), sino que le asigna al diálogo un papel constitutivo en la vida humana. De esta forma se inicia una nueva antropología y se reinventa en clave dialógica la utopía de una convivencia justa.

Uno de los filósofos contemporáneos que con mayor radicalidad se ha preguntado por la naturaleza social del ser humano ha sido Martin Buber. Nació en Viena en 1878 y murió en Jerusalén en 1965. Sus obras se han traducido a más de veinte idiomas desde el finlandés al japonés. Procedente de una familia polaca, nace en una época en la que la ciudad de Viena se había convertido en uno de los grandes centros de la cultura germánica. Tras la separación de sus padres vive con su abuelo, que le familiarizó desde los tres años con los textos clásicos de la cultura judía, religión que profesaba.

 Buber aborda con profundidad el tema de las relaciones entre el individuo y la sociedad, bien sea como ensayos o como narraciones. Si la obra “Yo y tú” aparecida en 1923, afirma con claridad el carácter dialogal de la naturaleza humana, en la obra” ¿Qué es el hombre?” sienta las bases de una antropología filosófica presidida por la idea de sociabilidad y comunicabilidad.

 A principios de siglo XX percibe con claridad los dos grandes peligros que acechaban a la filosofía social: por un lado, el peligro del individualismo; es decir, la reducción del hombre a su condición de individuo y átomo aislado en un conjunto anónimo de relaciones sociales. Por otro, el peligro de la masificación; es decir, la aniquilación de la condición humana porque el hombre es reducido a la condición de borrego; es tan solo un número para el estado, un miembro insignificante de la masa social. Ante estos dos peligros, Buber se arriesga a proponer un pensamiento dialógico, una nueva filosofía que parte de una convicción tan simple como importante: cada uno de nosotros aprende a decir “tú” antes de conocernos a nosotros mismos.

 El “otro” no es solo alguien que tenemos a nuestro lado, sino alguien que está en mí, alguien sin el cual yo no sería yo. De la misma forma que la psicología evolutiva ha demostrado que sin la presencia de la madre (“tú”) no hay una maduración personal del individuo (”yo”), la filosofía de Buber nos recuerda que el encuentro con el “otro” no es casual o esporádico, sino constitutivo. Ser humano es “ser-en-relación”.

 Este carácter constitutivo del otro le lleva a elaborar una teoría social basada en la noción de diálogo. El diálogo no es un instrumento o una técnica con la que nos comunicamos. Para Buber el diálogo no es un intercambio de palabras entre dos individuos diferentes. Dialogar no es utilizar una técnica de negociación ni servirse de un recurso para regatear. Dialogar es reconocerse mutuamente a través de una palabra compartida.

 Esta forma de entender el diálogo plantea numerosas exigencias a la filosofía social. Una de ellas es la lectura renovada de las teorías que, como el socialismo utópico o el marxismo, se han preocupado por el valor del encuentro y la relación interhumana.

 Esta es la tarea que Buber se propone cuando en 1947 publica un ensayo que lleva por título “Caminos de utopía”.

Poca filosofía aparta de la religión, mucha filosofía lleva de nuevo a ella

Autor: Francis Bacon

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