JOSÉ ORTEGA Y GASSET

 José Ortega y Gasset(1883-1955), filósofo madrileño y uno de los más importantes del siglo XX, tendrá como centro de su reflexión la cultura. Por eso, la mejor forma de caracterizar su pensamiento es definiéndolo como una filosofía de la cultura. Se trata de una de las reflexiones más profundas y matizadas que podemos encontrarnos en la historia de la filosofía. La filosofía neokantiana y, sobre todo, la fenomenología le ofrecerán los recursos para pensar a fondo este tema desde una triple perspectiva: la cultura en su dimensión creadora, la cultura como circunstancia y la crítica de la cultura. La elaboración de una filosofía de la cultura fue una de las tareas de muchos de los filósofos de comienzos del siglo XX, y Ortega y Gasset no fue una excepción. Pero no era un problema sólo teórico, también era un problema social y político. Necesitaba saber qué es la cultura y qué cultura hay que desarrollar en España.

 Ortega estudia filosofía en Madrid y, más adelante en Leipzig, Berlín y Marburgo. Posteriormente da clases en la Universidad de Madrid hasta 1936. Entre sus obras destacan España invertebrada, Ideas y creencias, Qué es filosofía, Historia como sistema, Meditaciones del Quijote…..

 Gran conocedor de la historia de la filosofía, Ortega procura desmarcarse de planteamientos anteriores haciendo un síntesis entre el racionalismo de Descartes y el vitalismo de Nietzsche. Así, su pensamiento puede calificarse como raciovitalista. El concepto fundamental de su filosofía es el de “razón vital”, el cual está íntimamente relacionado con la vida humana, con la historia y con la cultura.

 Para Ortega, la cultura es una forma de discurso que “da razón” y sentido a las cosas. Se nos presenta unida a una capacidad humana de diálogo con el mundo.

 Las Meditaciones del Quijote, su primer gran libro, es su gran aportación a la filosofía de la cultura. Frente a los grandes temas de la filosofía, empieza planteándose las cosas más nimias, las más cercanas, las que tenemos a nuestro derredor. Estas cosas son las que componen la cultura, son nuestra circunstancia. Y en ellas nos tenemos que centrar, de manera heroica, para que no nos ocurra como a Don Quijote, que se olvidó de lo más próximo. El héroe es aquel que inventa y crea, y esa creación es la cultura. La cultura es, pues, el cultivo de lo inmediato, de lo cercano, es decir, de la vida. La cultura encauza la vida, porque detrás de ella está la experiencia cotidiana. Este tema no será nunca abandonado por Ortega. Llega a decir que “el acto específicamente cultural es el creador”, el que da sentido a la vida, y dar sentido es la única forma de salvar la circunstancia. Ese acto creador que es la cultura extrae ese logos, esa idea o concepto, de lo cotidiano, lo cual, una vez objetivado, se convierte en una perspectiva sobre el mundo, en el modo en que el mundo queda articulado.

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”, dirá Ortega en las Meditaciones. Salvar las circunstancias es ponerlas en relación con el todo, establecer su sentido. Por ello, la cultura es conexión y relación con el mundo. El hombre no se puede entender si estas relaciones y sin cultura. No somos una entidad separada de lo que nos rodea. Estamos condicionados por nuestra circunstancia. La vida humana es coexistencia con el mundo.

 La crítica a la cultura de Ortega se dirige a aquella cultura que se ha olvidado de la vida, de la realidad radical. Es una cultura que se ha traicionado a sí misma y ha perdido su vitalidad. La obra cumbre de la crítica cultural es La rebelión de las masas, en la que diagnostica la situación en que se encuentra la cultura occidental.

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