CHARLES TAYLOR

 Charles Taylor (nacido en 1931) se ha convertido en una de las referencias centrales del pensamiento contemporáneo. Aunque no sabemos si este pensador anglo-canadiense podrá catalogarse como uno de los últimos filósofos morales del siglo XX, sí podemos afirmar que será el primero de los filósofos políticos del siglo XXI. Es el representante más importante de un nuevo pensamiento político que puede ser descrito como humanismo cívico. Nos propone un humanismo que alimente el tejido asociativo de unas sociedades culturalmente plurales y políticamente atomizadas. Un humanismo para potenciar y reforzar el asociacionismo  voluntario porque “sin tejido asociativo, el poder político tiende a la tiranía”.

 Charles Taylor, profesor en Canadá y estados Unidos, también ha impartido curso de filosofía moral política en la universidad de Oxford, donde prestó especial atención a dos cuestiones: la dimensión práctica del lenguaje moral y el humanismo del romanticismo alemán. Como resultado de estas inquietudes, hoy contamos con dos obras importantes: “Hegel y la sociedad moderna” (1979) Y “Las fuentes del yo” (1989).

 También ha editado sus conferencias y artículos dispersos en dos trabajos muy diferentes: “Argumentos filosóficos” (1995) y “Ética de la autenticidad” (1991). Aquí presenta una nueva filosofía moral para unas sociedades contemporáneas donde no hay unanimidad ni política, ni cultura, ni religiosa. Esta dispersión de perspectivas hace difícil encontrar argumentos filosóficos compartidos por todos. Mientras que otros consideran que esta búsqueda de buenas razones es una tarea estéril porque la política es una cuestión de técnicos en leyes, Taylor considera que es una tarea enriquecedora para la democracia. La democracia no es solo un conjunto de leyes, sino un proyecto de convivencia.

 Hay quienes plantean la democracia como un conjunto de procedimientos que garanticen unos mínimos de justicia. Quienes así piensan son los defensores del liberalismo, encabezado por J. Rawls, para quien las instituciones públicas tienen que organizase sin contar con los proyectos de vida buena que tengan los ciudadanos. Sin embargo, Taylor considera que estos mínimos de justicia a los que han llegado las sociedades liberales se alimentan de tradiciones culturales que se mantienen vivas en avocaciones cívicas y comunidades que tienen proyectos de vida buena para sus miembros. Este hecho es el punto de partida de su crítica al liberalismo y la razón por la que su comunitarismo es singular.

 Mientras los liberales inciden en los procedimientos los comunitaristas inciden en los bienes compartidos que alimentan la justicia. Más que defender un modelo de vida política basado en una comunidad homogénea y cerrada, lo que Taylor defiende es la vida asociativa. Sin la vida asociativa, los individuos no encuentran referencias con la que orientarse en una sociedad donde el individuo se encuentra como un átomo errante.

 En una sociedad donde cada uno recibe mensajes contradictorios sobre lo deseable para conseguir la felicidad, las asociaciones cívicas pueden proporcionarnos una idea de bien que se convierte en referencia para no perder el rumbo de nuestras vidas. Como afirma en su libro “Ética de la autenticidad”: El peligro no lo constituye el despotismo, sino la fragmentación; a saber, un pueblo cada vez más incapaz de proponerse objetivos comunes y llevarlos a cabo”.

La meta ideal de la filosofía sigue siendo puramente la concepción del mundo, que precisamente, en virtud de su esencia, no es ciencia. la ciencia no es nada más que un valor entre otros.

Autor: Edmund Husserl

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