¿DE DÓNDE VIENE EL ATÚN?

Calvo no tan claro.

Me he apuntado a un máster de recursos humanos por correspondencia, aunque ahora, claro (calvo), es vía Internet. Aprovechando todas las nuevas tecnologías, me explican cómo se puede “asegurar el desempeño de los trabajadores” conectando en los ordenadores de los mismos o en las salas de trabajo una webcam. Claro (calvo) no se te escapa ni uno solo de sus movimientos. A todos los trabajadores de tu empresa también les puedes motivar poniéndoles como sintonía de su teléfono móvil el politono del comercial de la empresa. O si hace falta, ante situaciones de conflicto laboral, ya es fácil interrogar al trabajador bajo el control de un polígrafo o máquina de la verdad. Claro (calvo), como en la tele.

 Mi máster es muy caro y prestigioso, y todas las técnicas que me explican ya están siendo probadas. Como la del polígrafo, una práctica recientemente denunciada por la Unión Internacional de Trabajadores Agrícolas. A algunos de los trabajadores de la empresa de conservas gallega Calvo, específicamente en las plantas ubicadas en el Salvador, parece que se les está aplicando esta prueba que, junto a otras prácticas, pretende intimidar el legítimo derecho de los trabajadores a la constitución de sindicatos.
 Calvo es líder en España con el 25% del mercado de atún, y es la cuarta atunera a escala mundial. En 2005 facturó 350 millones de euros, y posee plantas de producción en España, Italia, Brasil y El Salvador. En este último país, los modelos de gestión son bien diferentes  al resto. Calvo el Salvador dice pagar a los trabajadores el salario mínimo, pero eso se alcanza solo si los trabajadores realizan jornadas intensas o jornadas nocturnas de 11 horas. Su doble estándar en claro (calvo) si lo comparamos, por ejemplo, con los compañeros de las plantas de Brasil. Una trabajadora de la planta Gómez da Costa en Brasil recibe en promedio un salario aproximado a los 600 dólares mensuales, siempre bajo una contratación colectiva que le garantiza prestaciones adicionales para ella y su familia. Esa misma trabajadora en El Salvador alcanzará con dificultad los 200 dólares mensuales.
 También los métodos de pesca son diferentes. Mientras que los barcos atuneros en Europa y Brasil capturan con anzuelos, en la costa de El Salvador, donde no eisten regulaciones para esta pesca, los barcos usan a sus anchas las redes de gran tamaño, conocidas por su negativo impacto sobre la fauna marina. Con Calvo tenemos otro lamentable ejemplo de las prácticas de algunas transnacionales que buscan la fuerza laboral y los recursos naturales disfrazándolo como ejemplo en los países empobrecidos y con regulaciones más flexibles explotar s de inversión extranjera que generan puestos de trabajo y riqueza allí donde se instalan.
 Claro (calvo) que a mí, con mi diploma del máster enmarcado y reluciendo en el despacho, no me engañan.

No tan claro.

 Sacatan Sacatún tam tam tam que summun pen que tum pan que tepetepetam to que summun que tum. ¿Han entendido algo? Es parte de la canción del anuncio de atún Calvo. Primero era claro (calvo), ahora es bien enredoso. Quizá porque el funcionamiento de esta empresa ha pasado al lado oscuro. En estos momentos hay en marcha dos campañas internacionales contra los comportamientos empresariales de Calvo. Una para reclamar condiciones laborales justas de los trabajadores de Calvo en las plantas que han instalado en El Salvador con apoyo de fondos estatales españoles. Calvo, que utilizó legislación europea para importar sus productos con reducciones arancelarias ahora desoye su normativa. La segunda, enarbolada por la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte, revela que Calvo tiene 11 embarcaciones faenando con banderas de conveniencia, que vienen a ser como barcos piratas que cambian de bandera según le interese, para poder explotar a sus marinos. Calvo ha sabido adaptarse a la globalización desde lueqesumum que tun.

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