LA ILUSTRACIÓN

1. Contexto histórico del siglo XVIII.

2. La filosofía del siglo XVIII.

3. Importancia de la filosofía de la Ilustración.


1. Contexto histórico del siglo XVIII.

  El siglo XVIII es el último de la Época Moderna. En este siglo el sistema social, político y económico típico de la Época Moderna, lo que se ha llamado el Antiguo Régimen, entró en crisis. El nuevo tipo de sociedad que se alumbra se caracteriza por adoptar un nuevo modelo económico (el capitalismo industrial) y una nueva forma de gobierno (la democracia representativa). Diversos factores favorecieron e impulsaron estos cambios. Dos fueron los más decisivos: la influencia de las ideas de os filósofos ilustrados y los progresos tecnológicos.

  En este siglo, llamado "siglo de las Luces", tienen lugar las revoluciones políticas y económicas que marcan el final de la Época Moderna: la Revolución Americana en 1776, la Revolución Francesa en 1789, y la Revolución Industrial europea.

 

  La burguesía- que puede considerarse revolucionaria- es la protagonista de los cambios políticos y económicos. El capitalismo se afianza como sistema económico y los sistemas absolutistas entren en crisis. La última forma que adoptaron las monarquías absolutas fue el despotismo ilustrado. Su lema, "todo para el pueblo pero son el pueblo", fue un último intento por custodiarse. No fue suficiente y al final del siglo, en 1789, la Revolución Francesa dio al traste con el Antiguo Régimen en Francia, iniciándose a partir de entonces una progresiva implantación de los sistemas parlamentarios y constitucionales en el resto de Europa.

2. La filosofía del siglo XVIII.

  El siglo XVIII estuvo marcado por el fenómeno cultural de la Ilustración, que abarca el tiempo que va de la Revolución inglesa en 1688 hasta la Revolución francesa de 1789. La ilustración se originó en Inglaterra, pero se extendió como pólvora por toda Europa.

  Los ilustrados creyeron que con ellos la razón llegó a la "mayoría de edad". Esto se tradujo en un empeño de racionalización de la realidad, que rechazó todo conocimiento fundado en la creencia religiosa. Sólo la explicación de la ciencia era admisible para una mentalidad ilustrada. Al mismo tiempo, las cuestiones no sometidas al estudio de la ciencia debían remitirse a la subjetividad y libertad de pensamiento de cada cual, postulándose la tolerancia (Voltaire) como un valor fundamental. Los ilustrados fueron conscientes de la enorme tarea que suponía la racionalización de todos los aspectos de la realidad, y se entregaron a esta misión con pasión. Fruto de esta actividad fue la "Enciclopedia o Diccionario razonado de las Ciencias, de las Artes, y de los oficios" de Diderot y D´Alembert, en la que se pretendió resumir todo el saber racional de la época.

  Otra consecuencia del espíritu ilustrado fue la racionalización de la religión, que condujo al deísmo (doctrina que reconoce un dios como autor de la naturaleza, pero sin admitir revelación ni culto externo), defendido por J. Toland y Voltaire. Estos pensadores trataron de eliminar de la religión los elementos misteriosos y revelados, reduciendo el requisito para la salvación a muy pocos dogmas: la existencia de dios y la actitud moral.

  Igualmente, los progresos de la ciencia, cuya figura estelar fue Newton, y de la técnica, con la invención de las primeras máquinas elementales (mecanismos de la cuerda, reloj, telar mecánico, máquina de vapor), despertaron una inusitada confianza en el progreso científico-tecnológico. Esta confianza condujo a la idea de que la ciencia y la técnica unidas, junto con una educación racional, terminarían por liberar al ser humano de sus necesidades y erradicar todos los males del mundo.

  Kant, el filósofo más representativo de la época consideró que cuatro debían ser las preguntas decisivas de la filosofía:

1.¿Qué podemos conocer? ( problema gnoseológico)

2. ¿Qué ciencia podemos hacer? (problema epistemológico)

3. ¿Qué debemos hacer, tanto en el campo de la acción humana como en el de la acción política? (problema moral y político).

4. ¿Qué nos cabe esperar en la historia y más allá de ésta? (problema sobre el sentido de la historia y la religión).

  Las principales respuestas que se dieron durante el siglo XVIII a estos problemas fueron, a grandes rasgos, las siguientes:

a) La cuestión gnoseológica y epistemológica, estuvo definida por el enfrentamiento entre racionalismo y empirismo. Leibniz, que muere en 1715, y Hume que nace en 1711 son, respectivamente, las dos figuras más representativas de estas corrientes. Leibniz todavía defiende la validez de la metafísica y la posibilidad de lograr un conocimiento sobre Dios, el mundo y el Yo. Para Hume, sin embargo, nada hay en el entendimiento que no haya sido recibido previamente por los sentidos, la metafísica no es una ciencia, y el método inductivo que usa la ciencia sólo puede alcanzarnos un conocimiento probable de la realidad. Kant entró en esta polémica tratando de superar ambas posiciones. Nuestro conocimiento debe limitarse a la experiencia, pero no podemos olvidar que el entendimiento actúa sobre la experiencia y le aplica una serie de "a priori" – esquemas propios- para lograr entenderla. Ciertamente no podemos conocer lo que está más allá de la experiencia, y por eso la metafísica no será posible como ciencia, pero sí que podemos alcanzar un conocimiento necesario y universal sobre la realidad empírica.

b) En la cuestión moral dos fueron las teorías principales: el emotivismo moral de Hume y la ética del deber kantiana. Para Hume los criterios de bondad y maldad derivan del sentimiento humano, no de la razón, mientras que para Kant la razón práctica establece los criterios de moralidad, autónomos, de carácter universal. Éste es el sentido de su imperativo categórico y de su actuación por el puro deber. Este imperativo puede formularse de diversas maneras: "Actúa de tal manera que la norma de tu actuación pueda convertirse en ley universal" o "no trates nunca a los demás como medios sino como fines en sí mismos". Cada cual debe aplicar el imperativo categórico para saber qué está bien y qué está mal. Ambos, pues, coinciden en que criterios de bondad derivan del propio sujeto, e incluso ambos confían en que esos criterios son uniformes en la naturaleza humana, pero difieren respecto a su origen sentimental o racional.

LA FILOSOFÍA DE LA ILUSTRACIÓN ( SIGLO XVIII)

Racionalismo

C Wolf ( 1679-1754)

Empirismo

G Berkeley ( 1685- 1753)

D. Hume ( 1711-1776)

Ilustrados

Voltaire ( 1694- 1789)

Diderot ( 1713- 1784)

J Rousseau ( 1712- 1778)

Montesquieu ( 1689- 1755)

Idealismo

I Kant ( 1724- 1804)

J Fichte ( 1762- 1814)

F Schelling ( 1775- 1854)

G Hegel ( 1770- 1831)

Materialismo

La Mettrie (1709- 1751)

Condillac ( 1715- 1780)

c) La cuestión política continuó por los mismos derroteros del siglo anterior, con algunas aportaciones al debate entre absolutistas y liberales. El absolutismo, influido por ciertos ideales ilustrados, se disfrazó de "despotismo ilustrado" y proclamó su intención de beneficiar al pueblo, pero sin permitirle participar en el poder. El liberalismo contó con los desarrollos teóricos de Montesquieu (1689- 1755), que dejó plenamente formulada la teoría de la separación, independencia y equilibrio de los poderes- legislativo, ejecutivo y judicial-, como modelo necesario para garantizar la libertad política. Otros, como el filósofo francés Rousseau (1712- 1778), fueron más lejos y no se conformaron con la libertad política frente al monarca absoluto, sino que postularon la igualdad de todos y la necesidad de regirse por la "voluntad general". Puesto que los hombres han creado el estado para preservar su libertad, al pueblo corresponde la soberanía, como depositario último del poder, siendo los gobernantes meros funcionarios suyos. Las leyes han de ser aprobadas por el pueblo, manifestándose así la "voluntad general", que ha de pretender el bien del cuerpo social y no la satisfacción de intereses particulares. Esta soberanía del pueblo es absoluta, indivisible e intransferible. De Rousseau derivó una concepción radical de la democracia, muy influyente en los revolucionarios franceses, que contrasta con la concepción del estado de derecho de Locke y Montesquieu, que inspiró a los sistemas constitucionales anglosajones, en los que el poder se limita y se controla mediante la separación de poderes.

  Las ideas de los ilustrados se propagaron por Europa y cruzaron el Atlántico. Sus consecuencias fueron la revolución americana de 1776 y la revolución Francesa de 1789. Los ideales de esta revolución fueron tres: la libertad, la igualdad y la fraternidad. Autores como Kant suscribieron con pasión estos ideales, llegando incluso a creer en un desarrollo histórico ineludible hacia la libertad política y preconizando, además, la necesidad ética de constituir un estado mundial, con sus poderes legislativo, ejecutivo y judicial, para lograr así la paz en el mundo.

d) El sentido de la historia fue un problema filosófico al que se volvió en ese siglo, pero distanciándose de las consideraciones trascendentes de la época medieval. Las metas de la historia debían ser ahora inmanentes. La secularización de la idea de providencia divina, presente en la filosofía de la historia de san Agustín, y la convicción de que la ciencia y la técnica avanzaban sin cesar, condujeron a la idea de que la historia se adentraba por el camino del progreso. Así lo pensó, por ejemplo, Condorcet (1743- 1794), para quien la historia del hombre es la historia del mejoramiento continuo de la razón humana, que se va abriendo paso hacia la emancipación y liberación, tanto de las tiranías como de la propia naturaleza, y todo ello gracias a la ciencia. El propio Kant consideró que la libertad y la paz perpetua son la finalidad de la historia, y que a este final nos lleva la propia naturaleza, entreviendo el concepto de "necesidad histórica", que tanto peso tendrá en autores posteriores como Hegel y Marx.

e) El proceso de racionalización llegó también a la creencia religiosa. En este campo se intentó llegar a una actitud religiosa natural, al margen de los ritos y las diferencias entre religiones, reduciendo los dogmas religiosos a los mínimos imprescindibles. En esta actitud se mueve, por ejemplo, Kant- en sintonía con la reforma protestante-, a quien basta una piedad interior, sin intermediarios, para salvarse, así como la creencia en pocas verdades: la existencia de dios, la creación del mundo por dios y la existencia del premio y del castigo en el más allá. La creencia en dios, para Kant, aunque no pueda probarse racionalmente, no resulta irracional. Las pruebas racionales de las escuelas filosóficas sobre la existencia de dios y el alma – nos dirá Kant- no han convencido a nadie. Lo que ha inclinado a la gente a creer en dios, en el alma, y en su inmortalidad, ha sido más bien la esperanza en una vida futura, la conciencia del deber y la admiración por el orden de la naturaleza. Son buenas razones aunque no sean concluyentes. Por otro lado, la no existencia de dios tampoco puede demostrarse racionalmente. Por eso resulta racional creer en dios y en el yo libre e inmortal. En conclusión: la moral y la religión se justifican racionalmente (pudieran ser ciertas) frente a los que las niegan (el materialismo, el ateísmo o el escepticismo) que al negar sin pruebas caen en el dogmatismo.

  Las posiciones abiertamente ateas y materialistas fueron defendidas entre otros por La Mettrie y Condillac y el escepticismo religioso tuvo en Hume a su máximo representante. Para este filósofo, no podemos saber nada en este tipo de cuestiones porque, además de encontrarse fuera del alcance de nuestra experiencia, nos sumen en graves contradicciones.

3. Importancia de la filosofía de la Ilustración.

  La Ilustración dejó una enorme herencia intelectual a nuestro mundo contemporáneo. Así, el ideal de la racionalización de la realidad, la primacía del saber de la ciencia y de la técnica que de ella se deriva, la autonomía moral del individuo y el ideal de la emancipación política a la búsqueda de un autogobierno en el que se logren la libertad, la igualdad y la fraternidad de todos los seres humanos.

  En esta época quedaron plenamente formulados el principio democrático – es el pueblo quien debe gobernar- y liberal – el poder debe dividirse, controlarse y respetar los derechos individuales- que inspiran nuestras democracias en la actualidad.

  De esta época proviene también un cierto optimismo histórico. Los ilustrados pensaron que la Historia caminaba inevitablemente hacia la realización de la libertad, la igualdad y la fraternidad, y que el uso de la razón podría anticiparlas. Aunque estas esperanzas se han visto en parte defraudadas en los siglos siguientes por el industrialismo y las dos guerras mundiales, aún hoy seguimos creyendo que la ciencia mejorará nuestra situación.

  Con relación a la religión, aunque todavía Kant pretende salvarla, la Ilustración dio lugar a las primeras ideas claramente antirreligiosas, materialistas y ateas, preludio de la filosofía anticristiana de Nietzsche, en el siglo siguientes. Toda la cultura cristiana comenzará a tambalearse en ese siglo. Y los valores cristianos, aunque no desaparecen dejan de ser los únicos.

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